La política económica europea en tiempos de Trump se ha debatido esta mañana en el cine Vittoria de Trento, con el periodista y redactor del Sole 24 Ore Riccardo Barlaam, Lilia Cavallari, presidenta de la UPB-Oficina Presupuestaria Parlamentaria y profesora de Roma Tre, Marco Fortis, vicepresidente de la Fundación Edison y del Comité Científico del Centro de Estudios Confindustria, Nazzarena Franco, consejera delegada de DHL Express Italia, Marcello Messori, profesor del Instituto Universitario Europeo, y Gylfi Zoega, profesor de Economía de la Universidad de Islandia.
Los primeros 130 días de la presidencia de Trump se han caracterizado por una imprevisibilidad sin precedentes para Estados Unidos y, en consecuencia, también para el resto del mundo, generada por un batiburrillo de órdenes ejecutivas, a veces contradictorias, y más aún por los anuncios en los medios de comunicación, que han bombardeado a la opinión pública. Los efectos sobre la economía, las finanzas y las empresas han sido muy importantes: incertidumbre creciente en las economías internacionales, inestabilidad de los mercados, caída de las exportaciones a Estados Unidos. Sin embargo, como siempre, las crisis desencadenan oportunidades. El giro estadounidense debe empujar a Europa a reforzar sus puntos fuertes, empezando por su modelo social y su gran mercado único, al tiempo que corrige el importante retraso que tenía incluso antes del inicio de la temporada Trump en las fronteras de la tecnología y la innovación. Todo ello sin caer en la tentación de la bilateralidad, pero continuando en el intento de funcionar de forma unificada, como sistema. En cuanto a Italia, aunque los juicios son variados, sigue siendo el país con el sector manufacturero más diversificado del mundo y ha mostrado importantes tasas de crecimiento y empleo incluso en presencia de un importante declive demográfico y una productividad que no crece.
La incógnita está en el largo plazo. Si la población no crece, ni tampoco la productividad, es difícil imaginar un desarrollo duradero. Incluso el empleo italiano crece hoy principalmente en sectores de baja productividad, lo que explica en parte el insuficiente nivel de sueldos y salarios. Pero invertir en sectores de alta productividad no significa centrarse únicamente en la defensa: el sistema de transportes y las redes ferroviarias, por ejemplo, también pueden abrir interesantes perspectivas.
Fecha de publicación: 24/05/2025