Casi todos los países europeos se ven afectados por la creciente urbanización en la ordenación del territorio. Las funciones urbanas, como la vivienda, las infraestructuras de transporte y comunicación, las zonas industriales, el sector servicios, las instituciones educativas, los equipamientos sociales y los centros de ocio, se están expandiendo rápidamente. Esta urbanización excesiva de los espacios abiertos repercute negativamente en diversos aspectos medioambientales. Por ejemplo, la fragmentación de los hábitats naturales interrumpe los corredores verdes y degrada el paisaje. Además, la expansión de las zonas edificadas reduce la biodiversidad y la riqueza de especies al consumir suelo y comprometer las funciones de los ecosistemas.