Descripción
Las consecuencias de la expansión urbana van más allá de las cuestiones medioambientales: los intereses humanos también se ven afectados. Los terrenos destinados a nuevas construcciones dejan de estar disponibles para la agricultura, lo que puede provocar conflictos con los agricultores. Además, la expansión de los asentamientos conlleva elevados costes de infraestructura para el desarrollo de nuevos barrios. El sellado del suelo acelera la escorrentía del agua, aumentando el riesgo de inundaciones. Por último, la expansión urbana incontrolada y el uso ineficiente del suelo pueden, en algunos casos, aumentar las distancias entre los asentamientos y los núcleos de población.
Para hacer frente a estos retos, la UE se ha fijado el objetivo de lograr una "ocupación neta de suelo cero" para 2050. Esta iniciativa anima a los Estados miembros a minimizar el sellado del suelo y la expansión urbana, con el objetivo de alcanzar una ocupación neta de suelo cero a mediados de siglo. En la práctica, esto significa que el desarrollo urbano debe limitarse a las zonas ya urbanizadas para evitar un mayor consumo de suelo. Alcanzar este objetivo es crucial para el desarrollo espacial sostenible, garantizando la preservación de la biodiversidad, los paisajes y las tierras agrícolas.
La clave reside en el aprendizaje compartido a través de una serie de talleres temáticos. El primero de ellos aborda la pregunta: "¿Cuándo se considera que la tierra está 'ocupada' y cuándo representa un espacio natural valioso?".
El objetivo del proyecto es integrar los conocimientos adquiridos mediante un proceso de aprendizaje mutuo en los procesos nacionales de ordenación territorial. En última instancia, cada participante deberá esforzarse por adaptar los documentos e instrumentos de ordenación territorial existentes para hacer posible una planificación que proteja las funciones ecosistémicas de la tierra y restaure la biodiversidad y la diversidad de especies.