Yogur, miso japonés, encurtidos, kimchi coreano, chucrut, chocolate, kéfir, vinagre, tempeh, sidra, cerveza, salsa de soja, kombucha. Pero también pan, vino y queso, protagonistas indiscutibles de nuestra tradición culinaria. ¿Qué tienen en común alimentos tan diferentes? Sólo una cosa: la fermentación. Esto significa que durante su preparación intervienen determinados microorganismos que alteran sus propiedades, consistencia y longevidad. Los alimentos fermentados forman parte de la cultura gastronómica de todos los pueblos y han marcado su historia. La fermentación es una técnica muy antigua que permite conservar los alimentos y, al mismo tiempo, crear otros nuevos. A lo largo de la historia, desde la época de los sumerios y los antiguos egipcios, el hombre ha observado que en algunos casos dejar reposar los alimentos permitía que duraran mucho más tiempo manteniendo un sabor agradable: fermentar la leche, por ejemplo, para convertirla en yogur y queso, colgar la carne en cuevas para hacer embutidos. Una antigua tradición que centró el encuentro "Fermentos en la cocina", organizado por la Loggia del Romanino, con la moderación de Gabriele Principato, periodista de Cook - Corriere della Sera.
Fecha de publicación: 21/09/2024